Los entrenamientos no son solo técnica y programación. Son tardes compartidas, problemas resueltos juntos, frustraciones superadas en equipo y celebraciones que saben mejor cuando son de todos. Con el tiempo, los compañeros se convierten en amigos. Y esa amistad es la que hace que cada uno dé un poco más de sí mismo cuando el equipo lo necesita.
Nuestra motivación no es ganar, aunque ganar gusta. Es ver hasta dónde podemos llegar cuando nos comprometemos de verdad con algo. Es demostrar que unos críos de Gandia pueden plantarse en cualquier competición nacional o internacional y dar la talla. Y es, sobre todo, que cada miembro del equipo salga de aquí siendo un poco mejor persona: más paciente, más creativa, más capaz de trabajar con otros.